Película de “El retrato de Dorian Gray” (2009) dirigida por Oliver Parker

Una de las películas más recientes basadas en el libro “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde es del año 2009 a la que le han llovido numerosas críticas. La película ha sido dirigida por Oliver Parker y está protagonizada por Ben Barnes, acompañado por Colin Firth, Rebecca Hall, Rachel Hurd-Wood, Fiona Shaw y Ben Chaplin.

Hay pocos aspectos del libro que no haya arruinado esta película. Desde luego lo mejor de esta versión es la elección de Ben Barnes como Dorian. La perfección de sus rasgos perdonan el detalle de que en el libro Dorian es rubio. La segunda disculpa es la elección de Colin Firth como Henry. El tono, la actuación y el cinismo le quedan extraordinariamente bien.

Parker no se ha formulado ninguna pregunta sobre la manera de sublimar el estilo literario de Wilde en forma cinematográfica: su película no tiene estilo y no parece arrepentirse de ello. Tampoco parece haberse interrogado sobre la pertinencia de reinterpretar en presente el mito de Dorian Gray y su visión del placer como abismo: en el fondo, el cineasta parece soñar con la posibilidad de que algún adolescente despistado tome su película como la última reformulación multisalas, con algunas notas steampunk, del mito gótico-romántico que, hasta ahora, había olvidado la Universal.

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Parker despliega un arsenal de efectismos, que van desde la puesta en escena hasta el uso de efectos digitales, con los que convierte el esquivo y serpenteante relato original en un simplificado cuento de monstruos y fantasmas.

En este sentido, la película de Oliver Parker pierde la oportunidad de erigirse en alegoría contemporánea al limitarse a transcribir con desgana el original literario: incorporando personajes que simplifican la trama (el ancestro maltratador de Dorian, la hija de Lord Henry), evidenciando el trasfondo homoerótico y acentuando los componentes fantásticos.

Los temas que abordaba Wilde brillan por su ausencia, se toman licencias que no aportan nada y los actores resultan dolorosamente poco convincentes. El homoerotismo subyacente de la novela y las “perversiones” a las que Dorian se entrega, a las que se siempre hace una alusión velada, quedan explicitadas de un modo extrañamente poco erótico y perturbador en la película de Parker.

Por otro lado, el diseño de producción es atrayente con decorados de una decadencia gótica y ampulosos movimientos de cámara que nos llevan a pensar en una película de vampiros sin vampiros. Desde el principio se muestra cercana al género de terror; de hecho, las primeras imágenes que el espectador contempla son las del asesinato de Basil: Dorian es presentado bañado en sangre y como alguien demente, que acuchilla, una y otra vez, un cuerpo ya sin vida.

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Oliver Parker no se enfrenta por primera vez a un texto de Oscar Wilde, habiéndolo hecho con anterioridad en ‘Un marido ideal’ (‘An Ideal Husband’, 1999) y ‘La importancia de llamarse Ernesto’ (‘The Important of Being Earnest’, 2002). Parker ha caído en todos los excesos del cine comercial actual, simplificación de ideas y efectismos varios.

Un dato curioso es que con Barnes, ya son trece los actores que han interpretado a Dorian en el cine.

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